Friday, August 22, 2014

The water. the earth, the mud...

The water was still flowing,
it was the wind that stopped blowing...
Not in purpose, of course not...
but it did and was it changeable?

The earth was as immovable
as usual even through the mud,
maybe the earth was just weeping after all.
And the fire? The fire was safe in its secret place,
wanting to turn on but the earth...
the mud and the earth just couldn't let it be.




May-June 2014

Tuesday, June 24, 2014

No se irá, nunca se irá.

Lentita: ¿En serio? ¿No lo harás?
Perla: No tengo las más mínima intención de hacerlo. Mis manos no te dejarán.

(La Búsqueda de la Perla Parpadeante)


- Es hora de la pastilla. Le dijo la enfermera.
- Estoy harta de estas benditas pastillas ¿Cuando podré dejar de tomarlas? Preguntó un poco angustiada.
- Cuando deje de hablar con el señorito, señorita. La enfermera dijo con pesadumbre en su voz.
- Oh... pero eso no pasará. ¿Cierto, cariño? Tú nunca te irás de mi lado. Ella le dijo a la silla vacía a su lado.
- Con permiso. Dijo la enfermera retirándose de la habitación.

¿Pero qué le sucedía a toda esta gente? Diciéndo que lo aleje simplemente, como si fuera pan comido, como si fuera algo que ella quisiese y, a veces, hasta el señorito quería alejarse... No, él no podía irse, no se iría, era suyo, para siempre. Ella pensaba y sonreía, presa de sus sueños; envuelta en la mentira causante de su más grande felicidad.

- ¿En qué piensas, lindura?
- Nada, absurdos, en cosas como tú yéndote...
- ¡Pamplinas! Respondió él y ella rió, pero claro, ¿Qué otra cosa que pamplinas podía eso ser?
- No me dejes nunca.
- ¿Por qué querría dejarte?
- ¿Por qué no querrías?
- Simplemente porque no quiero y porque eres toda mía.
- Toda tuya.
- Siempre.
- Por y para siempre. Dijeron y sonrieron juntos.

Al día siguiente ella se levantó y él no estaba ahí, no estaba a su lado y eso no era normal; empezó a buscarlo por todo el centro, en los cuartos de baño, en las habitaciones, hasta en el patio de comidas pero no aparecía, se había evaporado, pensó; y sintió un fuerte dolor de cabeza. Mil imágenes cruzaron, como saltando, una sobre otra: cenas, citas, parques, días soleados, días grises, peleas, reconciliaciones, todo a su lado y por un segundo sintió como su corazón se desgarraba, presa del pánico ante su ausencia. Ella se fue al baño, se encerró, rompió el espejo y cortó tan profundo como pudo, lo más profundo que pudo... pero nunca tanto como lo hacía su ausencia.

- Cariño. Él dijo y ella parpadeó con dificultad.
- Mi amor ¿Dónde estabas?
- ¿Qué te ha pasado? Dijo disgustado y preocupado, y ella se apenó.
- No te encontraba... Empezó a llorar.
- Eso no te da derecho a lastimarme.
- Pero, mi amor, no te he puesto una mano encima.
- Te la has puesto a ti misma y tú eres mía. Le dijo y ella sonrió.

Sí, él tenía razón, ella era de él, de él solamente; pese a las diferencias, pese a los problemas, pese a las caídas, ella era suya y era tan reconfortante saberse conocedora de ello, de que él estaría ahí sin importar qué, saber que a pesar de todo, él quería estar con ella, pensó, mientras se desmayaba. Una enfermera golpeó la puerta y no respondió, por lo que llamó a otra enfermera con rapidez y la encontraron desangrándose en el piso. Lo había hecho de nuevo... ¿Pero hasta cuando lo haría? ¿Por qué él siempre tenía que irse? ¿No podía simplemente quedarse? ¿Por qué se hacía eso a sí misma?
Una vez que recuperó la conciencia estaba nuevamente tendida en esa cama de hospital, con suero y cubierta de vendas. Y él estaba ahí, viendo a la ventana, enojado, pero estaba... No se había ido, gracias a Dios, no se había ido.

Mientras su doctor revisaba el suero y como iba todo, empezó una conversación:
- ¿Se ha vuelto a ir? Preguntó con seriedad.
- No, está justo atrás de usted, doctor. Dijo ella sonriendo mientras el doctor volteaba la mirada y movía ligeramente su cabeza en señal de saludo.
- Pero me refiero a que se había ido cuando hiciste eso.
- Oh sí, pero ha vuelto tan pronto todo ha pasado. Dijo ella en su defensa.
- Como siempre. Ya te hemos dicho que nos avises cuando desaparece, que te podemos ayudar hasta que retorne, después de todo no puede estar contigo siempre, tiene que ir al trabajo y cuidar a sus hijos. ¿O no?
- No tenemos hijos aun. Dijo ella.
- Pero ya los tendrán y necesitan dinero para pagar la estancia y tantas cosas y tú no puedes trabajar ahora mismo.
- Pues sí, él tiene que trabajar, es cierto... Pero no hay necesidad de que se vaya.
- A veces se tiene que ir ¿Qué harás cuando muera?
- Él nunca se morirá.
- ¿Quién es que tiene vida eterna? Preguntó el doctor y ella rió.
- O sea, él vivirá mientras yo viva; no puede morirse antes, porque yo me moriría con él.
- ¿Y si simplemente se va y no regresa porque le da la gana?
- Él me ha dicho reiteradamente que no lo hará y que quiere quedarse conmigo. Ella respondió y sus latidos empezaron a acelerarse, ante esta alerta el doctor terminó el interrogatorio antes de alterarla.
- Bueno, así debe ser entonces. Ahora descansa, seguro él se ha preocupado nuevamente.
- Sí, la verdad se ha enfadado un poco, pero espero que se le pase pronto. Ella respondió y el doctor se retiró de la habitación.

- No será así. Dijo él
- Está bien, entonces esperaré a que se te pase. Dijo ella y él solo hizo mala cara. Te amo. Dijo en un susurro de voz lleno de sentimientos y él sonrió.

Y ella se durmió, tranquila, serena, feliz, porque él estaba ahí, porque nunca se iría; porque quería quedarse siempre, tanto como ella quería que él se quede... Porque ella era para él y él era para ella, sin duda alguna. Todo era perfecto, mientras estuviese juntos.

Saturday, June 21, 2014

Stay.

- “Leave!” She screamed and she sights when he left the room.
All those fights were driving her crazy and those discussions were taking them nowhere. But what else could she do but handle them the best she can? Wasn't he just doing the same? Even through all her disaster he didn't leave her and she couldn't explain what that meant to her, yet his presence wasn't a simple one, it was the constant feeling of a scary goodbye. 
She played that song she liked so much about changes and about love while spinning around in circles over and over again dreaming one more time about him; she may didn't say it but even when she was only a faraway hug for him, he was nearly the center of her universe. 
He may takes her to her limits, still it was him and no one but him who brings her the happiest thoughts of this world life because she built up a future around him and without him she didn't want to do a thing, nor be a thing. He rescued her when she was falling and now it was only him the person able to help her to stand up and not cause she was alone, not cause no one offer help, not cause no one could stand her, but cause he has that something that may her feel in a way no one else could ever. 
Because he was her silence and her words, he was her laughs and her tears, he was her beginning and her end, he was more than what he could ever imagine and more than what she could ever even admit. 
And maybe sometimes she was living in the hell, crying over and over again over reasons she herself couldn't understand nor get to manage, cause she was nothing but a lost soul in a cold world and he was nothing but a sad soul and still he was all she wanted, all she wanted... because somehow the heaven may give her a ray of hope on her way while he was on her road.
Yet no one but her was more conscious about their situation, about their nonsense, about the coming failure in front of her eyes... What else could she expect from someone like her trying to reach someone like him? He was light in darkness, for God's sake! And she was dead in life, nothing but a silly and innocuous child, so how could such a beautiful being like him take someone so awful and despicable like her? Still there she was dancing in circles, tearing up and wishing he would never really leave that door, wishing he would stay even through all her mess, she was begging to her God to don't ever abandon her and don't push him away. 
But at the end of the day it was all her fault; she just wanted him to be happy, to keep on shinning, to come back to the life he wanted, and she could see she wasn't part of it, she was just not good enough, she was way too far to be part of the black and white pieces of his game, still she kept on dreaming... dancing in circles because in her dreams he was hers, even when in reality she better than no one knew he wasn't and will never belong to her.
He sent her a text message saying he wanted to talk to her for a minute and he will wait for her down the stairs; but, she didn't want to listen, she didn't want to listen the words that could destroy her because he was all that what could help her to stand up. So before he may comes up the stair, she ran to drank all the pills she had, before anyone could stop her, and she hold the knife that may stop her blood from dancing ever again, she didn't want to dance without dreaming of him, she couldn't actually...
After an hour waiting he walked up the stairs and knocked on her door but no one answered... It was way too late, just way too late because she wasn't going to answer, she couldn't. She didn't want to listen his goodbye, she wasn't going to, she wouldn't stand this life without him ever again and because before than losing him she preferred losing herself so that in her memories he may always stay with her.
When he got into her apartment he saw her there... lying on the floor, more pale than ever, as fragile as she can be, so weak as always, as coward as usual, how could it be that he didn't see it coming? He cried over her death body because even when she wasn't his world, she meant something...  even when she was just the smallest piece of his life, she was something, and her lost had its importance... “But why would she has done such a thing?” He thought while opening her hand and found a paper where he could read: “Just don't leave”.
How could he makes her understand he wasn't going to leave her? Still how could he put together all the broken pieces of her soul? How could he ever be able to understand her and live with her?
And still he was everything for her, he was the sense and the nonsense, he was the music and the screams, he was the secrets and the revealed true; but more than anything... He was her savior and her murderer. 


“I don't want to see the day we say we've had enough...” (Battleships- Daughtry)
  



Thursday, June 12, 2014

Lo Eterno. Continuación del Primer Capítulo: Nosotros

Antes de irse a dormir Nina recordó ese abrazo, la textura de su piel y su olor, recordó como se sentía aferrarse a él, la seguridad reafirmada que producía... Sin duda alguna, lo amaba profundamente.
Al siguiente día se levantó temprano, se alistó con una hermosa falda larga roja, una blusa negra y una chaqueta jean azul, se había levantado un poco más temprano de lo habitual para pedirle a su padre que la dejáse en un lugar cerca a la ciudad y su padre aceptó. 
Una vez en la ciudad, se pusó nerviosa, como era de esperarse, odiaba ese lugar, odiaba tener que ir cuando estaba de vacaciones, odiaba sentirse parte de ese caótico y desastroso mundo del cual era parte. Sin embargo, valia la pena dar una vuelta por él, valía la pena arriesgarse, después de un año entero a su lado al menos esto debería hacer. Estaba perdida, pero tenía la dirección de Ethan en su mano, él le había dicho que su casa estaba cerca a la Universidad y aunque no tenía idea de la dirección, sí sabía donde quedaba su propia universidad al menos. 
Cuando llegó a la universidad se dio cuenta de lo triste que luce el lugar en vacaciones, pese a haber gente trabajando en el recinto, se veía como un sitio bastante sombrío en ausencia de los estudiantes. Los alrededores que antes parecían tan bulliciosos ahora también se veían oscuros pese a que el día solo estaba empezando. Vio a su alrededor y se encamino al cual parecía un vecindario y supusó que era el de Ethan, en caso de no serlo iría a los próximos. Tras haber caminado un buen rato notó que estaba en una zona desértica y que habían dos chicos, uno alto y uno bajo, con una apariencia algo extraña dada la cantidad de tatuajes y los sombreros fuera de época, aunque podrían ser simplemente sus prejuicios, no quiso arriesgarse y empezó a caminar rápido.
- Perfecto, el tipo de situación en que me gusta estar. Dijo para sus adentros.
Pensó en llamar a Ethan pero no quería arruinar la sorpresa, después de todo era ella contra el mundo, ella mostrando algo de valentía, ella no siendo tan débil, ella sobreviviente, parecía mucho para una simple salida pero así era como ella lo veía, así se sentía. 
Y mientras caminaba se dio cuenta de que los chicos detrás de ella también apresuraron el paso lo cual no era una buena señal para nada. Se sintió acechada y en un lugar así era absurdo gritar, de manera que empezaba a verse a sí misma entre la espada y la pared. De repente paró en seco en se giro, cualquiera tomaría esto como acto extraño pero era una de las tantas peculiaridades de ella.
- Hola chicos. Dijo sonriendo.
- Hola. Dijo el más alto algo sorprendido, mientras el otro la miraba con sospecha.
- Disculpen. Dijo mirándolos fijamente y tratando de memorizar sus rostros, recordando un artículo que había leído alguna vez referente a violaciones. ¿Tienen la hora?
- No. Respondió inmediatamente el chico de baja estatura, agarró la mano del más alto y acto seguido se alejaron de ella a toda velocidad mientras maldecían sin razón aparente en el camino.
Nina respiró profundamente y se preguntó si esta había sido une buena idea, sin embargo, pese a los nervios que la carcomían continuó su búsqueda y como un milagro divino, escucho a la mamá de Ethan, esa cara sin nombre que solía oír a través del teléfono cuando Ethan la llamaba.
- ¡Ethan! La basura, hijo. Dijo su madre desde la casa que estaba a la derecha de Nina. De repente él salió, con un pantalón negro y una camiseta blanca que contrastaba con la claridad de su piel. La felicidad que produjo verlo esta vez iba más allá de la definición de esa palabra, los nervios, los miedos, todo se desvanecía ante su presencia.
Mientras Ethan colocaba la basura en su lugar, Nina se iba acercando y él tras sentir una mirada sobre él alzó su rostro solo para encontrarla ahí, en frente de su casa por primera vez, tan pequeña y delicada como siempre y sola. ¿Sola?
- Nina...
- Ho... Hola Ethan. Dijo ella al tiempo que entrelazaba sus manos y él no lo podía creer.
- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste? ¿Tenías algún asunto en la universidad? Preguntó curioso. Nina estaba algo decepcionada de su respuesta ¿No era obvio que estaba  allí por él? Se limitó a no responder e Ethan entendió todo. ¿Quieres pasar? Dijo invitándola a su casa.
- ¿Puedo? Preguntó ella abriendo sus ojos de par en par y él se rió.
- Pero claro. Dijo él sonriente.
- Pero tu mamá está en casa... podría incomodarse... Dijo tímidamente y él se acercó a ella y la agarró de la mano diciendo. 
- Mi mamá estará encantada de conocerte en serio.
¿Por qué? ¿Por qué era tan hermoso, perfecto, seguro, decidido? ¿Cómo podía ser tanto? Se preguntó Nina, esas y muchas preguntas más que no dejaban de golpearla con fuerza porque así era sus sentimientos hacia él tan intensos que golpeaban. 
Ethan no cabía en su alegría de verla tan temprano en la mañana, de que se haya atrevido a ir hasta su casa, de que esté ahí con él en ese preciso instante, era admirable, ella era admirable y luego no entendía porque no renunciaba a ella, ¿Por qué no? Porque era ella, tenía que ser ella. 
- Mamá, esta es Nina. Dijo al entrar a casa sonriente mientras llevaba a Nina al frente como mostrando un trofeo.
- Bu... buenos, bue... buenos, buenos días, señora. Dijo Nina completamente ruborizada, totalmente fuera de su zona de confort se vio envuelta en una situación que encontraba embarazosa pese a la normalidad de la misma. Y la madre de Ethan se sorprendió de ver un ser tan frágil, en especial saludandola.
- Un gusto. Respondió con una leve sonrisa. Ethan no suele traer amigas a casa. Dijo levantándo una ceja mientras regresaba su mirada a Ethan.
- No... él, él....
- La he invitado ayer en la noche, perdona, olvide decirte. Dijo Ethan antes de que Nina termináse su frase ahorrandole la pena.
- ¿Ya comiste? Dijo la madre de Ethan encáminandose a la cocina. Ethan y  yo estabamos a punto de desayunar. 
- No. Dijo Nina y esta vez la madre de Ethan sonrió más ampliamente pese a la incomodidad de la situación.
- Únete. La invito e Ethan sonrió complacido. No podía creer que vaya a comer en su hogar con su mamá y con Nina ¡era una escena totalmente de ensueño! Pese a la pena, Nina sacó fuerzas de donde no tenía y preguntó si podía ayudarla en la cocina, pero la madre de Ethan rehusó necesitar ayuda y le pidió que, por favor, se pusiése cómoda.

Monday, June 9, 2014

She Equal Nothing

She was running away again and he couldn't stop her anymore, why would he after all? She was not his problem, she thought while hiding herself in the darkness of her soul in the sea of her tears.

But I want to be with you. He said firmly.
Really? She asked deeply curious and sceptical.
Of course, otherwise I wouldn't be here right now.
Wouldn't you? She asked again.
But I am. He said a bit surprised.
No, you are not. She said and start crying.

She couldn't stop thinking about his look, the feeling in his words and the memories that were one after another, one after another, one after another. Because he was still there and there was nothing as scary as he not being yet there was nothing as real as he not being and not only because he couldn't but cause even if he could he wouldn't dare, why would he? for her? Sure not, not for her... for whoever else but for her. She was nothing being everything, everything still being nothing.


Tuesday, May 20, 2014

Lo Eterno.

Primer capítulo: Nosotros

Ella, pies descalzos, pálida pero no como la nieve, cabello en cascada del color de la noche, ojos llenos de oscuridad con leves destellos de luz, con unos pantalones azules que cubrían hasta sus pies dada la longitud y con una ligero suéter que no la protegía para nada del frío, se acercó a él, amenazante pese a su pequeñez, y él, bien vestido y abrigado, tez exageradamente clara pero bronceada dándole un toque de vida, ojos de almendras con un ligero canto de canario, la miraba absorto en sus ojos... esos ojos en los que él se había perdido desde hace ya tiempo y que lo habían llevado a la ruina, pero una ruina placentera... porque él disfrutaba, siempre y cuando ella estuviese ahí.
- Vamos. Le dijo ella deteniéndose a un centímetro de su cara. Y él sin siquiera responder se levantó y sonrió para ella, porque sin importar dónde... él iría, siempre y cuando sea con ella. Y ella sonrió porque lo amaba, lo amaba infinitamente a pesar de los caminos tormentosos por los cuales lo llevaba, a pesar de las tristezas que él le causaba. 
Ella se calzó y subió al coche, bajó el vidrio y miró el cielo como plagado de estrellas, ese cielo que la hipnotizaba, odiosamente encantador. Y él la miró a ella, como colmada de tanto vacío, enfrascada en sí misma... odiosamente encantadora. 
- ¿A dónde vamos? Preguntó él.
- A la luna. Respondió ella.
Y él empezó a manejar, no porque supiese cómo llevarla a la luna pero porque la conocía lo suficiente para saber que ella no quería ir a ningún lugar en particular, que simplemente quería sentir el aire en su rostro, que quería oír el silencio de esas horas apagadas, que sólo quería prolongar su desconexión con el mundo del cual era parte y él le daría eso que quería, después de todo, ella nunca pedía mucho y siempre lo recibía todo. 
- Me gusta cuando sabes donde llevarme. Le dijo de repente.
- No siempre sé donde llevarte. Él contestó con una media sonrisa mientras desviaba su mirada del camino por un segundo para ver su expresión pero ella seguía con la mirada fija en el cielo.
- Por eso, me gusta cuando sabes.
- Te disgusta cuando no sé entonces. Dijo él y escuchó una leve risa, como la de una niña tras hacer una travesura, vivaz pero tan efímera y suave que amenazaba con no hacerse oír y el se rió abiertamente al escucharla... ahí estaba una vez más, quitandole el sentido a todo... haciéndolo insoportablemente incomprensible.
- No, la verdad es que también me gusta cuando no sabes. Dijo mirándolo finalmente y tomando su mano derecha, obligandolo a conducir con una sola mano, haciendo lo que se le antojaba sin cuidado de las consecuencia, siendo tan ella... tan insoportablemente incomprensible. Y él regresó su mirada a ella y se enamoró por milésima vez, parecía que ella había hecho que se rompan esquemas y que el enamorarse reiteradamente de ella era algo sin control.
- Qué bueno. Fue lo único que le dijo mientras volvía su mirada a la carretera.
Poco a poco ella se fue quedando dormida después de dar muchas vueltas por las afueras de la ciudad, tan dormida como solo podía hacerlo en presencia de él, porque él la cuidaría, no podía temerle a nada mientras él estuviese con ella, siempre con ella. 
Él decidió que era momento de llevarla a casa, ya era muy tarde y estaba cansado ¿y ella? Ella ya se había acomodado para descansar como le placía. En un momento dado, entre sus tantos movimientos al dormir dejo uno de sus brazos al descubierto dado que la ligereza y anchura del suéter que llevaba hacia que este se deslice con facilidad... y él vio una nueva marca ¿Por qué seguía haciéndolo? Se preguntó a sí mismo ¿Acaso no decía ella ser feliz a su lado? ¿Por qué seguía haciéndose daño entonces? Pensó disgustado. Disgustado por sus heridas, disgustado por quién era ella, disgustado porque no podía dejarla, disgustado por sus deseos imparables de que viva pero más que nada disgustado por sus palabras, esas palabras que ella había enterrado en lo más profundo de su ser una tarde de invierno mientras clavaba su mirada en él: "Entonces... el cuento termina en que ella vive pero ella viviría mientras él estuviese con ella, siempre con ella
Una vez en casa de ella, la meció ligeramente para despertarla.
- Llegamos. Le dijo sin mirarla, casi ocultando la gravedad del tono de su voz. Y ella notó la distancia sin entenderla, pero al sentir su brazo descubierto entendió la situación y supo que pasaba; después de todo ella era consciente de sus males, de sus vicios, de sus locuras y no había mucho que pudiese hacer sobre ello.
- Adiós. Le respondió mientras le daba un beso de despedida, en la mejilla y le susurraba un fugaz "Lo Siento" al oído. 
- Hasta mañana. Dijo suspirando mientras ella le ofrecía una leve sonrisa por la promesa implícita en sus palabras. 
¿Qué podía él hacer? ¿Cuáles eran sus opciones? Estar con ella o estar con ella, eso era todo y fuera de eso no había más soluciones. Era ella su problema y su solución, él pensó.

A la mañana siguiente ella se levantó temprano, tomó una ducha y se puso un vestido blanco con mangas largas que le llegaba hasta la rodilla y unos zapatos sin taco blancos, parecía una autentica muñeca. Salió de su casa, colocó una pequeña manta a los pies del árbol que había fuera de la misma que llegaba hasta el césped, se sentó y abrió su libro; tan pronto empezó a leer, el sonido de un auto próximo atrajo su atención. 
Era él que había venido a verla temprano para sorpresa suya ya que no acostumbraba a ir tan en la mañana.
- Hola. Le dijo con seriedad bajándose del auto.
- Hola. Respondió ella con su sonrisa desvanecida por su severidad. ¿Ha pasado algo? Ella quiso saber.
- ¿Ha pasado? Él le dijo mirándola con frialdad.
- No lo sé. Dijo ella en un susurro de voz.
- Vamos. Esta vez fue él quién tomó la iniciativa.
- ¿A dónde? Ella preguntó.
- A la luna. Él dijo con ironía y ella sonrió aun con la pesadez del momento, cerró su libro y se subió al coche con él.
Dieron unas vueltas por las afueras de la ciudad y aunque era un día triste parecía un día feliz a su lado. De repente plantó en seco y ella casi se golpea con el parabrisas pero cando regresa a verlo enfadada por sus brusquedad se queda sin palabras al ver que llora aun con la misma rigidez en su rostro de cuando fue a recogerla. 
- ¿Qué te pasa? Le dijo dulcemente acercándose a él y acariciando su brazo con delicadeza, sinceramente preocupada.
- ¡Tú me pasas! Él respondió, apartando con violencia la mano de ella. Y ella se sintió quebrarse pero no hizo más que sentarse recta y se mantenerse en silencio. 
Eso era lo que él quería y ella se lo concedía, hacia de muñeca para su tranquilidad, obediente y ajena a sus propios deseos; se dejaba controlar por sus sentimientos aunque él se la pasase diciendo que era él: el controlado, el muñeco de ella; ella sabía que siempre había sido él el gobernante aun si ella aparentaba serlo.
- ¿No vas a decir nada? Preguntó él dejando de llorar.
- ¿Qué quieres que diga? Preguntó ella desafiante, enojada y tan harta como él.
- Lo que sea que quieras decir. Dijo él harto, también, de sus rabietas.
- Entonces ya he dicho suficiente.
- No has dicho nada. Dijo empezando a enfadarse.
- Eres tú quién no me ha oído. Respondió ella.
- ¿Cómo no te voy a escuchar si estoy a lado tuyo? Dijo él, algo desconcertado por lo convencida que estaba ella de lo que decía.
- ¿Realmente estás a mi lado? Ella lo miró con súplica en lo profundo de su ser pese a la frialdad de su postura.
- Lo estoy. Él dijo queriendo resultar convincente pese a su propio desconcierto y ella le dio una cachetada tan sonora como un golpe en blanco.
- ¡Mentiroso! Exclamó e intentó bajarse del auto pero él la agarró de la muñeca fuertemente, obstruyéndole la salida. ¿Qué haces? Ella preguntó llena de rabia.
- No te iras a ningún lado hasta que no aclaremos esto. Dijo él incluso más enfadado que ella.
- Yo no quiero aclarar nada contigo ¡Ni ahora ni nunca! Ella repuso.
- Entonces esto es una pérdida de tiempo. Él dijo resignado y soltando su muñeca.
- ¿Y recién te das cuenta? Dijo ella bajándose del auto mientras empezaba a caminar.
- ¿A dónde irás? Él preguntó.
- Al fin del mundo. Fue lo único que ella dijo abandonando la carretera y adentrándose al bosque corriendo. 
Mientras él deshacía el cinturón de seguridad y se apresuraba a perseguirla notó que había olvidado lo rápida que puede ser cuando no sabe qué hacer pero quiere hacer algo. Entonces se adentró al bosque buscándola. Habían muchas ramas de árboles interponiéndose en el camino, ya se había golpeado un par de veces y estaba casi completamente seguro de que ella no había podido tomar un camino tan accidentado porque de ser así habría contraído múltiples heridas en sus piernas e incluso cara a menos que haya sido cuidadosa de no lastimarse y ella no lo era.
Se pasó horas enteras dando vueltas en ese bosque hasta que empezó a atardecer y aún no la encontraba por ningún lado. Él imaginó que estaba escondida en algún sitio, queriendo ser encontrada por él, cansada y sedienta, esperando pacientemente a que él la rescatase, ignorando como él se sentía, egoísta como ella sola entonces empezó a llorar nuevamente presa de un odio atroz hacia ella por ser tan inconsciente, hacia él por odiarla, hacia la vida por ser como es. 
Estaba agotado así entonces decidió volver al coche... y ahí estaba ella, dormida, llena de raspones en sus piernas y en su rostro, notablemente cansada, "hecha un desastre" como ella solía decir y, sin embargo, a pesar de todo seguía viéndose tan adorable como la primera vez que la vio paseándose por aquel parque frente a la Iglesia.
Cuando llegaron a la casa de ella, él ya se había tranquilizado, consciente de que no ganaría nada comportándose de esa manera con ella, consciente de su manera de ser, de su fragilidad, de su terquedad, de su ser; su propósito no era lastimarla de ninguna manera, quería ayudarla, lo quería con tanta vehemencia que resultaba aterrador para sí mismo pero siendo duro con ella no era la manera, en efecto, lo serviría de nada.
- Nina, despiértate, hemos llegado a tu casa. Dijo él tiernamente e inesperadamente ella se abalanzó sobre sus brazos, acercándolo hacia ella con desesperación y con firmeza.
- Lo siento tanto, lo siento, lo siento, lo siento, una y mil veces lo siento. Lamento todo lo que te hago pasar, todo lo que nos hago pasar... Sé que es cansado lidiar conmigo, que no puedes más, sé que te agotas, Ethan, pero trata de comprenderme... intenta pensar como yo por difícil que resulte... Perdóname, sin embargo, porque sé que a mi lado siempre sufrirás el va y ven de mi locura, los lapsos inexplicables de mis estados, la falta de importancia que le doy a mi propia vida... Dijo ella como queriendo que sus palabras corrieran, temiendo no tener el tiempo necesario de decir todo lo que quería decir en ese momento y realmente acongojada por su mal comportamiento. 
Él la rodeó con delicadeza y besó sus cabellos, no dijo nada pero lo dijo todo, él estaba ahí con ella después de todo, sujeto a sus conflictos interiores y a su vida. Él estaría siempre ahí, proveéndola de los cuidados que necesitaba, del afecto del que ella misma se negaba y él sabía también que ella estaría ahí... extrañamente cuidándolo, apoyándolo, colmándolo de afectos, y sí, volviéndolo loco, pero haciéndolo feliz y eso era algo que solo ella podía hacer.



Sunday, May 18, 2014

Las manchas.

- ¿Qué haces?
- Nada.
- ¿Qué haces?
- Nada.
- ¿Qué haces?
- Nada. Respondió nuevamente.
- ¿Cómo estás?
- No es asunto tuyo.
- ¿Cómo estás?
- No es asunto tuyo.
- ¿Cómo estás?
- No es asunto tuyo. Quiero una rosa.
- ¿Qué?
- Dame una rosa.
- Ya tienes una rosa.
- No. Dame una rosa ¡Ya! Dijo y una lágrima imprudente apareció.
- Oh. Respondió.
- Que me des una ahora. Dijo limpiándose la lágrima.
- La nieve la mataría. Respondió dejándola perpleja, ahora no brotó una sino varias lágrimas.
- No, no. Trató de tranquilizarse a sí misma. Quiero las blancas, las blancas que van de la mano con la nieve. Repuso con firmeza. 
- Las blancas no van con la nieve, morirían también. Le respondió.
- Pero... Fue lo único que logró decir pues ni ella misma hallaba sentido en sus palabras.
- Aparte, recuerda que tiene espinas. Imagina cuánto se mancharía la nieve por su causa.
- No, no; eso no importa. Dijo ella mientras miraba al infinito, como queriendo atrapar un recuerdo, mientras recogía sus brazos y entrelazaba sus manos, todas llenas de cicatrices. 
- Ya es tarde, deberías dormir.