Friday, May 14, 2010

Segunda Oportunidad.

El verano comenzaba y Dulce María se había ido de vacaciones a la playa. Lo extrañaba, claro que sí, él era tan esencial en su vida, como el órgano vital de ella misma. Pero no iría hasta allá sólo por ella, no después de la ruptura ¡Malditas Peleas! se repetía una y otra vez, no entendía como podían discutir tanto y amarse tanto a la vez, era algo ilógico, pero real... 
Ignacio por su parte estaba estancado ahí, en ese patio que daba vista al parque...Cuantas veces se habían sentado juntos a ver aquellos hermosos árboles, ese verde encantador, claro, el color favorito de ella. Por eso todo su cuarto, era casi verde, por ella, porque todo lo había hecho pensando en ella y ahora no estaban juntos... Aquellas confusiones y aquellos silencios, habían roto ese lazo perfecto para ellos.

Mamá: Dulce ¿Vas a salir a caminar hoy?
Dulce: Sí, hoy voy a demorar, voy a pasar un momento por la playa mamá. Después de todo, para eso fue este viaje.
Mamá: Si cariño, pero procura volver temprano.
Dulce: Bueno.
Que lindo era caminar de su mano...sí, era lindo, era cálido, con él se sentía protegida...¿Qué demonios hacia en ese lugar sin él? ¿Qué clase de vacaciones eran esas? Su alegría era incompleta, y sabía bien porque.
Dejando de lado el pesar que le causaba su ausencia, corrió hacia esa hermosa agua y se baño en ella, como purificandóse, como intentando olvidarlo, riéndo, pero aún así, extrañandolo, sintiendo ese vacío.
- Hola. ¿Su voz? ¿Era él? Jajaja Sin duda la playa era mágica, se oía tan real.
- Dulce María. Se volteó de inmediato.
- ¡Ignacio! Hola...
- Dulce ¿Qué haces aquí?
- Disfruto.
- Ah, bueno. Continúa.
- A decir verdad. Intentaba disfrutar...
- ¿Si? Parecía que realmente disfrutabas, no que intentabas...
- No todo es lo que parece.
- Tienes razón. Mientras él decía aquello, ella salía del agua y secaba su cabello. 
- ¿Y tú Ignacio, qué haces aquí? Dijó una vez en frente de él?
- Vine a ver si recuperaba mi sonrisa. Creó que me la robaron.

- ¿Quién? Dijó ella mirandolo fijamente, rogandole un beso y escondiendo sus brazos inquietos por cubrirlo.
- Tú. Una vez dicho aquello la beso, fue un beso apasionado, suplicante, un beso transmisor, era una idea ilusa pensar que a través de ese roce de labios la re-conquistaría, pero lo anhelaba.
Ella sintió nuevamente esa plenitud, ese sentimiento abrazador que la inundaba y la completaba.
Al terminar, ambos se miraron y rieron con verdadero júbilo.
- Te Amo Dulce.
- Te Amo Ignacio.
Ambos concluyeron con eso y dijeron todo, se abrazaron durante un tiempo interminable y luego empezaron su caminata devuelta a casa, la noche caía sobre ellos, pero a Dulce ya no le importaba la advertencia de su madre, era de noche, pero no tenía miedo, estaba con él. Su protector, su mitad, su amado.
"Todo es tan Real, pero Nada Es Normal"

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