Sunday, June 20, 2010

Nieve En Primavera. (Cuarta Subida)

Ya en su cuarto empezó a hundirse en sus pensamientos.
El día no parecía tener intensiones de terminarse, el reloj apenas marcaba las siete de la noche y ella no podía más. Ese día aún dolía mucho, el pasar de los años, sólo había logrado acentuar en ella el dolor, más no desvanecerlo...¿Cómo podía seguir adelante? Vivía en una lucha constante por seguir, sin duda, insoportable.

- ¡Sakura! Gritó Rui de largo. Y ella, como era de esperarse, corrió a su encuentro angustiada.
- ¿Qué sucede? ¿Te lastimaste mi vida? Dijo asustada y él comenzó a reírse y ella al notar lo absurdo de su preocupación pensó en darle un golpe en el brazo izquierdo, pero ya era demasiado tarde, él se había echado a correr entre risas estruendosas que llenaban por completo ese hermoso paisaje en el que se encontraban.
- ¡Saku! ¡Te Amo, mon petite! Dijo frenandose esperando a que ella lo alcance.
- Eso no te salvará, pequeño granuja. Gritó al momento que lo tuvo cerca y le pudo propinar el merecido golpecito en el brazo izquierdo.


- No te alejes nunca de mí Rui, nunca. Dijo ella abrazándolo y cerrando sus ojos. Guardando por siempre en su memoria el sentirlo así, cerca y suyo. 
- Nunca Sakura. Ahora mismo ya eres parte de mí, y yo parte de ti, separarnos es un imposible. Le dijo, a la vez que besaba sus cabellos y se regocijaba en ese momento perfecto que tenían. - ¡Ah! Tengo algo que mostrarte. Dijo y saco de su bolso un cuaderno con cobertor azul que decía "Poemas" en su portada, mientras que en la parte superior de la hoja en la que abrió el cuaderno se leía: Mon Fleur D'Amour, era un poema de seis estrofas, dedicado a ella, de principio a fin, el impacto que ella había causado en su vida, esos sentimientos que lo inundaban al estar juntos y su fascinación por las flores comunes antes de conocerla, porque ella era la más perfecta de todas, ella era su flor de amor.
- ¡Mi amor! ¡Eres un verdadero artista! Eres una estrella, la estrella de mi vida. Le comentó ella mientras enrojecía por sus propias confesiones.

Sin duda ella se había sentido la chica más dichosa del mundo, su enamorado era un poeta nato y sus versos de amor eran siempre para ella; pero más que nada, su corazón romántico le pertenecía, pedir más... era demasiado.
Pero ese tiempo ya no volvería, porque ahora él no era más que un recuerdo latente en su vida. Sólo había sido una hermosa estrella fugaz en su mundo, y no volvería jamás. 
Nuevamente se sentía abatida, parecía que los momentos de paz solo se presentaban cuando lo recordaba a su lado, volver a Japón la había abrumado de anécdotas imborrables, que se presentaban con mayor frecuencia por encontrarse en el lugar de los hechos.
Estaba a punto de entrar en llanto cuando vio su pared y vio la pegatina descolorida de una estrella que él había pegado años atrás para que no este sin él nunca, y ella había pegado una pegatina de una flor en el cuarto de él; así nunca se alejarían, ni siquiera para dormir; estarían siempre juntos...Siempre.

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Sentimientos